En el marco de la Conferencia sobre el clima de París en diciembre de 2015, 195 países adoptaron el primer acuerdo climático mundial jurídicamente vinculante. Este acuerdo ha sido de nuevo noticia al anunciar Donald Trump, la retirada de EUA, el segundo mayor emisor de gases contaminantes del mundo, del pacto. El Acuerdo de París establece un plan de acción global para evitar el cambio climático limitando el calentamiento global muy por debajo de los 2ºC y señala que los gases emitidos por la actividad humana deberían ser equivalentes a los que océanos, árboles y suelo puedan absorber de forma natural. Entre los principales gases de efecto invernadero el que más preocupa es el dióxido de carbono por su responsabilidad en el cambio climático. Por lo que para que el mundo pueda alcanzar estas metas climáticas que se ha propuesto, se deben desplegar todas las vías posibles para reducir las emisiones de carbono. La construcción es uno de los mayores consumidores de materias primas. El sector cementero es responsable de alrededor del 5% de las emisiones de CO2, principal gas productor del efecto invernadero y cambio climático. El hormigón es el material de construcción más empleado en el mundo: cada año, la industria del hormigón emplea 1.6 billones de toneladas de cemento. Cada tonelada de cemento en su fabricación, emite 1 tonelada de CO2 a la atmósfera. Además, durante el proceso de construcción es habitual el empleo de maquinaria pesada que genera la mayor cantidad de emisiones de dióxido de carbono. El transporte de los materiales al lugar constituye un 6-8% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero para un proyecto.

El sector de la construcción comercial y residencial representa el 39% del dióxido de carbono (CO2) emitido a la atmósfera la vez que genera el 30% de los residuos sólidos y el 20% de la contaminación de las aguas. Por lo que podríamos concluir que la mitad del CO2 expulsado a la atmósfera está relacionado con la construcción de edificios a lo largo de todas sus fases: construcción, uso y posterior demolición. En consecuencia, el sector de la construcción tiene que desempeñar un papel importante en la reducción de la amenaza del cambio climático.

Para reducir este impacto medioambiental del sector de la construcción resulta esencial el uso de materiales que para producirlos no se requiera la utilización de combustibles fósiles y se causen altas emisiones de carbono como por ejemplo la madera.

La madera ofrece muchos beneficios ambientales. Se trata de un material sostenible cuya producción no daña el medio ambiente. Además presenta unas excepcionales propiedades aislantes (tanto térmicas como acústicas), de protección contra el fuego, de flexibilidad y resistencia (capacidad de carga 14x acero), se adapta a cualquier clima y condición ambiental. Su producción aporta un saldo negativo en emisiones de CO2 y en su transformación se requiere de mucha menos energía primaria que en el caso del acero y el hormigón. Por último la construcción en madera nos permite la industrialización del proceso constructivo con todo lo que ello conlleva en el cumplimiento de plazos de ejecución y presupuesto, y calidad del producto final.

Growingbuildings

Author Growingbuildings

More posts by Growingbuildings

Leave a Reply