Aproximadamente un 40% de toda la energía producida en Europa es consumida por los edificios. Un 65% de esta energía se invierte en la climatización de las viviendas, locales u oficinas. Una vivienda sostenible y eficiente puede reducir esta cifra drásticamente. Desde el comienzo de la crisis económica el precio de la electricidad en la Unión Europea se ha disparado, según las tablas del Eurostat el incremento ha sido del 33% mientras que, por ejemplo, en el mismo periodo la subida del gas representa un 14%. En España, duplicamos con creces esta media de incremento europeo llegando a una subida del 69%, lo que se traduce en que hemos pasado de pagar 13,70€ por 100 kw. en 2007 a 23,10€ en el último semestre de 2016. Esta carestía de la electricidad, como sabemos, ha provocado un importante debate político y social.
Para determinar las causas de esta carestía, resulta importante, en primer lugar, conocer cómo se fija el precio de la electricidad: el 40% corresponde a los peajes, que no varía, un 25% corresponde a los impuestos: IVA e impuesto sobre la electricidad, y el 35% restante es fijado por las compañías mayoristas de electricidad mediante subasta. Siendo ordenadas las compañías productoras de más baratas (renovables y nuclear) a más caras (gas, petróleo), el precio lo establece el último megavatio hora en entrar en subasta, y en consecuencia el precio de referencia lo marca siempre el modo de producción más cara, que es el gas.
El segundo motivo principal de esta carestía es la elevada dependencia energética del exterior de España, del 73%, 25 puntos superior a la media de la UE. España dedica aproximadamente un 5% de su PIB a la compra de gas y petróleo en el exterior. Por tanto el pago de esta “dependencia energética” por parte de las arcas del país tiene como consecuencia que estos recursos no se destinen a otros servicios.
Este pago no afecta únicamente a las arcas del país, sino también a los particulares. En estas circunstancias, de carestía continua, cabe preguntarnos por qué cuando una familia se enfrenta a una de las decisiones financieras más importantes de su vida como es la compra de una vivienda con la financiación de una hipoteca, donde evalúa pros y contras, compara entidades bancarias, condiciones y cuotas que deberá poder cubrir durante un plazo entre 15 y 30 años, no tiene en cuenta, en la mayoría de ocasiones, la hipoteca energética que deberá afrontar, no sólo unos años, sino todo el periodo que tenga pensado residir en dicha vivienda. Esta hipoteca equivale al coste energético necesario para poder vivir de forma confortable tanto en verano como en invierno. Los posibles compradores o arrendatarios de viviendas deberían realizar este cálculo y tenerlo en cuenta a la hora de escoger el inmueble donde van a vivir.
No sólo debemos ser eficientes produciendo energía como país, sino también debemos reducir el consumo energético para disminuir el importe de esa hipoteca energética a casi 0. Los hogares sostenibles y de alta eficiencia energética son capaces de reducir la demanda energética más de un 75%. La calificación energética forma parte del valor de la vivienda e incrementar su eficiencia supone una revalorización del mismo.